Dermatomiositis canina: ¿qué nos enseña la genética?

20/08/2025

¿Has oído hablar de la dermatomiositis canina? Es una enfermedad autoinmune que afecta principalmente la piel y los músculos, causando lesiones dolorosas en la dermis, pérdida de pelo (alopecia) y, en muchos casos, debilidad muscular. Más allá del impacto físico, la enfermedad compromete profundamente la calidad de vida del perro, dificultando actividades cotidianas sencillas y causando sufrimiento tanto al animal como a su familia.

Las causas genéticas de la enfermedad:

Durante mucho tiempo se creyó que la presencia de una variante en el gen MHC (complejo mayor de histocompatibilidad) explicaba el riesgo de dermatomiositis. Si bien el MHC desempeña un papel importante en la respuesta inmunitaria, los estudios revelaron un problema: esta variante estaba presente tanto en perros enfermos como en perros completamente sanos. En otras palabras, el MHC por sí solo no podía explicar por qué algunos animales desarrollaban la enfermedad y otros no.

Para comprender mejor este fenómeno, los investigadores ampliaron la investigación y descubrieron dos genes con un papel fundamental en el desarrollo de la dermatomiositis: PAN2 y MAP3K7CL . El estudio se realizó en razas altamente predispuestas —el Collie y el Pastor de Shetland— y demostró que estas variantes de riesgo estaban muy presentes en estas poblaciones. ¿La razón? La selección artificial. Con el tiempo, ciertas características valoradas en estas razas se transmitieron junto con mutaciones genéticas indeseables, lo que provocó la acumulación de las variantes PAN2 y MAP3K7CL en sus genomas. Es un proceso aleatorio que ocurre en la formación de todas las razas: algunas tienen más suerte, otras menos.

Grupos de riesgo y la importancia de la interacción genética

Lo más interesante del descubrimiento es que la dermatomiositis no depende de un solo gen, sino de la interacción entre ellos . En la práctica, existen diferentes combinaciones posibles de MHC, PAN2 y MAP3K7CL. Algunas conllevan un riesgo moderado (alrededor del 40-50%), mientras que otras prácticamente determinan la aparición de la enfermedad en ciertas razas.

En los perros Collie y Shetland, el riesgo del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC) está prácticamente establecido en la población, lo que significa que la mayoría de los animales portan esta variante. Por lo tanto, son las mutaciones en PAN2 y MAP3K7CL las que realmente marcan la diferencia. Las combinaciones más críticas, que implican dos copias de variantes de riesgo en cada uno de estos genes, alcanzan una probabilidad del 90-100% de desarrollar dermatomiositis en estas razas. Esto explica por qué algunos perros de estas razas enferman a una edad muy temprana, con tan solo unos meses de vida.

Por otro lado, otras razas no presentan un mayor riesgo, incluso con el mismo conjunto de variantes genéticas, lo que demuestra que estas variantes no son las únicas causas de la enfermedad: para aumentar efectivamente el riesgo, deben formar parte de un conjunto de otras variantes (aún no descubiertas) que solo existen en los collies y los pastores de Shetland. ¿Qué nos enseña esto?

Aquí viene la parte más delicada: cuando hablamos de enfermedades multifactoriales, un perro puede portar la variante de riesgo y nunca manifestar la enfermedad . Esto se debe a que, de forma aislada, esta variante no es suficiente para desencadenar el problema. Pero cuando se encuentran diferentes variantes en el mismo individuo, especialmente en doble dosis (homocigosidad), el riesgo aumenta considerablemente. Por eso, incluso los perros considerados sanos pueden tener cachorros enfermos; todo depende de cómo se combinen los genes.

La presencia de una variante de riesgo no necesariamente provocará la enfermedad en todos los perros, pero es importante que el propietario conozca el papel de dicha variante en otras razas: esto puede ser útil para futuros diagnósticos. En otras razas (excepto los Collies y los Shetland), y en razas mestizas, estas variantes pueden no tener ninguna influencia, o incluso tener influencias distintas, como en otras enfermedades inmunológicas o dermatológicas.

El papel del petgenoma

Basándose en estos hallazgos científicos, petgenoma desarrolló una prueba que evalúa los genes PAN2 y MAP3K7CL . ¿Y por qué no evaluamos el MHC? Porque, en estas poblaciones, su genotipo está prácticamente fijo y, por sí solo, carece de capacidad predictiva. Lo que realmente importa es comprender las variantes que, en conjunto, determinan si un perro pertenece a un grupo de riesgo moderado o alto de desarrollar dermatomiositis.

Conclusión

La genética ha demostrado que la dermatomiositis canina es más compleja de lo que se creía. No se trata de un solo gen, sino de la interacción de múltiples factores. Para criadores y dueños, la lección es clara: conocer el perfil genético de un perro no solo ayuda a comprender su salud individual, sino que también orienta las decisiones de cría responsables, reduciendo la probabilidad de transmitir combinaciones de riesgo a las generaciones futuras y de producir cachorros que también padezcan esta enfermedad.

Enrico Ferraz

Estudiante de Medicina Veterinaria - USP (8º semestre)
analista de petgenoma

Fabiana Michelsen de Andrade

Genetista especializado en animales pequeños.
Bióloga, máster y doctora por la UFRGS.
Estudios postdoctorales en Biología Celular y Molecular (Reino Unido) y en Mejora Genética Animal (UFRGS).
Socio fundador y director científico de petgenoma